jueves, 31 de diciembre de 2015

Yo de Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges con 21 años

La calavera, el corazón secreto,
los caminos de sangre que no veo,
los túneles del sueño, ese Proteo,
las vísceras, la nuca, el esqueleto.
Soy esas cosas. Increíblemente
soy también la memoria de una espada
y la de un solitario poniente
que se dispersa en oro, en sombra, en nada.
Soy el que ve las proas desde el puerto;
soy los contados libros, los contados
grabados por el tiempo fatigados;
soy el que envidia a los que ya se han muerto.
Más raro es ser el hombre que entrelaza
palabras en un cuarto de una casa.

- Jorge Luis Borges, La rosa profunda, 1975

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Poetas por venir de Walt Whitman




¡Poetas por venir! ¡Oradores cantores,
músicos por venir:
El hoy no me justificará ni me responderá por
lo que soy,
Sino vosotros, una nueva estirpe, nativa,
Atlética, continental, más grande
Que cualquiera conocida,
¡Despertad, pues vosotros debéis
justificarme!
Yo tan sólo escribo una o dos palabras
Indicativas para el futuro,
Avanzo tan sólo un momento y me
Apresuro de regreso a la oscuridad.
Soy un hombre que, vagando sin detenerse
Del todo, os lanza una mirada
casual y luego oculta el rostro,
Dejando que vosotros demostréis y defináis,
Esperando de vosotros lo más importante.
Desconocido, si al pasar me encuentras y
Deseas hablarme, ¿por qué no habrías
De hacerlo?
¿Y por qué no habría de hablarte yo?

- Walt Whitman

lunes, 7 de diciembre de 2015

Nocturno


Alphonse Mucha, 1920, Noche.

Bailaba la luna sobre el puente tranquilo
como una vela blanca en el fondo de una botella,
y la luna tenía tus ojos, tus ojos de loba,
y era un espejo brillante en el río.

La noche vestida de oscuras ropas
tocó con sus cansadas manos las aguas,
sembrando de nieve y escarcha las zarzas tristes
donde pasa el viento acariciando las hojas.

Relucía la muerte en las tinieblas
como un chasquido metálico y fulgurante,
ha sembrado en tus ojos la flor serena
que vendrá a cortar sus pétalos de lluvia.

Oh noche, reinando el silencio en tu torre
no hay quien toque tu palacio de diamantes,
tus velos y tus tupidas sábanas de estrellas
donde el hombre apacible pueda dormirse.

- Pau Baraldés

domingo, 29 de noviembre de 2015

Marxismo y socialismo



Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo.

  1. La lucha de clases

"La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases1".

¿Qué es la lucha de clases? La lucha de clases es la lucha política, económica e ideológica de una clase sobre la otra2. ¿Qué es una clase? "Trátase de tres grandes grupos sociales de cuyos componentes, los individuos que los forman viven respectivamente de un salario, de la ganancia o de la renta del suelo, es decir, de la explotación de su fuerza de trabajo, de su capital o de su propiedad territorial3".

La lucha de clases bajo el punto de vista del marxismo siempre ha existido. La lucha de clases es la lucha de la clase oprimida en contra de la clase opresora. ¿En qué podemos distingir estas dos clases? La clase opresora es la que tiene en su poder los medios de producción. Los medios de producción vienen determinados según las fuerzas de trabajo y la infraestructura económica de estos (es decir, mediante los recursos económicos y mediante la fuerza que puede generar un molino, una fábrica, los obreros, animales de carga). El marxismo entiende que mediante el materialismo histórico (esta idea será desarrollada en el siguiente apartado) los medios de producción determinan las condiciones ideológicas y políticas del momento. Como veremos, a partir de la revolución industrial y la industrialización, aparece una clase, la clase proletaria.

El proletariado es la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de algún capital; es la clase, cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de crisis y de prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una competencia desenfrenada. Dicho en pocas palabras, el proletariado, o la clase de los proletarios, es la clase trabajadora del siglo XIX.

  • ENGELS, Friedrich: Principios del comunismo4

Por lo tanto, la clase proletaria está en la lucha económica contra la burguesía, quien contiene los medios de producción. El trabajador está obligado a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario que esté le da el burgués. ¿Y la clase burguesa? La clase burguesa como he dicho es la que contiene los medios de producción, la que mediante la explotación del trabajador busca el beneficio propio. La clase burguesa mira por sus intereses y va cediendo prerrogativas a los trabajadores para que estos estén satisfechos y no cuestionen el poder del estado burgués. Los trabajadores se defienden de estas vejaciones mediante la lucha económica (huelgas, manifestaciones), la lucha política (rebeliones, guerra) y la lucha ideológica (agitación y propaganda), poniendo así en jaque al burgués reclamando mejoras de condiciones de vida. Un ejemplo de la lucha de clases puede ser la Comuna de París o en la Revolución rusa de 1917, cuando el trabajador organizado busca acabar con la explotación del hombre por el hombre mediante la violencia de clase. El objetivo de la lucha de clases es la de alcanzar el estado socialista.

La historia es la historia de la lucha de clases, con eso Marx se refiere que el materialismo histórico es a partir de las contradicciones que se establecen entre clases. La sociedad se va desarrollando a medida que las fuerzas productivas se desarrollan y a través de los cambios sociales. Marx a través del materialismo histórico interpreta bajo una visión de clase cómo avanza la historia. Así pasamos al siguiente punto: materialismo histórico.

2. Materialismo histórico

"La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase5".

El materialismo histórico tal y como he explicado antes, viene determinado por las condiciones históricas y materiales del momento. ¿Cuándo aparece el materialismo histórico? En el momento que Marx se da cuenta que se puede clasificar la historia según los diferentes de modos de producción que han existido y su desarrollo. Vamos a pasar a hacer un repaso breve de estos momentos:

En consonancia con los cambios y el desarrollo experimentados por las fuerzas productivas de la sociedad en el curso de la historia, cambian también y se desarrollan las relaciones de produccióbn entre los hombres, sus relaciones económicas.

La historia reconoce cinco tipos fundamentales de relaciones de producción: el comunismo primitivo, la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo y el socialismo.

  • STALIN, Iosef: Sobre el materialismo histórico y el materialismo dialéctico6

El comunismo primitivo era aquel que se basaba en los modos de subsistencia (caza, recolección y pesca), con la aparición de la escritura, agricultura y del uso de metales aparece el esclavismo, donde se basa a partir de la fuerza de los esclavos que estos eran fruto de las primeras guerras. Con el tiempo se va a desarrollar un mercado primitivo y las fuerzas de producción, la clase noble acabará acumulando fuerzas hasta llegar al feudalismo. Con un mercado cada vez más incipiente hasta llegar al capitalismo con el desarrollo de la industria, mejora de los medios de producción, infraestructuras nuevas, mercado a gran escala, colonias y explotación de las periferias para obtener materias primas.

A Marx y Engels les tocó vivir la fase del capitalismo pre-monopolista, antes del imperialismo boyante del siglo XX y de la Gran Guerra. Para Marx y Engels, el socialismo es aquel momento cuando la clase obrera organizada toma los modos de producción y los socializa, formando así el estado socialista y acabando con la explotación del hombre por el hombre. "Abolir la propiedad privada y socializar los medios de producción7". Es la fase que se denomina como dictadura del proletariado.

    1. Superestructura e infraestructura

La estructura económica de la sociedad constituye en cada caso el fundamento real a partir del cual hay que explicar en última instancia toda la superestructura de las instituciones jurídicas y políticas así como los tipos de representación religiosa filosófica y de otra naturaleza, de cada período histórico.
  • ENGELS, Friedrich: Anti-Dühring8

Marx y Engels mediante el concepto infraestructura y superestructura explican la relación que existe en la economia de una sociedad y las instituciones políticas y jurídicas, lo que sería la ideología imperante que emana de la base económica. Para entenderlo de una forma más simple, las bases sólidas de la sociedad sería la estructura económica sobre la cual está el estado, es decir, la infraestructura. ¿Qué es entonces la superestructura? Los elementos sociales e ideológicos de la sociedad. Para Marx, cada elemento de la sociedad contiene una parte de la conciencia del estado. Todas las manifestaciones artísticas y opiniones políticas vienen determinadas por la superestructura.

Para Marx y Engels, las relaciones sociales vienen determinadas por los medios de producción que estos medios determinan la superestructura. Es interesante conocer el concepto conciencia de clase. ¿Qué es la conciencia de clase? Para el marxismo, aquellos sujetos más avanzados en su condición de clase, se dan cuenta de las contradicciones del sistema capitalista y toman conciencia contra la clase opuesta. Un trabajador puede tener conciencia de clase como un burgués tiene conciencia de su clase. Cada clase tiene objetivos opuestos y esta contradicción se materializa en la lucha de clases.

  1. El Estado

El Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del "orden" que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre clases9.

- LENIN, Vladimir: El Estado y la revolución

Para el marxismo, tanto el Estado capitalista como el Estado socialista, es un órgano de opresión de una clase sobre la otra. ¿Qué quiere decir eso? En el capitalismo entendemos que hay la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, quien controla los medios de producción. La burguesía no solo contra el aparato económico sino también el aparato político y social, siendo así, amortigua la lucha de clases mediante el dominio del Estado.

Con el dominio del Estado, una clase constituye sus leyes, sus constituciones, sus comicios, sus cámaras parlamentarias. Para el socialismo, el proletariado solo puede ser libre si se emancipa del Estado burgués capitalista, puesto que no hay libertad alguna. En cambio, la socialdemocracia opta por reformar el sistema capitalista mediante el sufragio electoral. Los teóricos marxistas creen que la clase obrera sólo puede verse realizada mediante la creación de un Estado nuevo, ya que la burguesía no cederá sus derechos tan fácilmente. Para ello y mediante la lucha de clases y la revolución, el socialismo plantea la dictadura del proletariado.

5. La dictadura del proletariado

El proletariado toma en sus manos el poder del Estado y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este mismo acto se destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clases, y con ello mismo, el Estado como tal.

  • ENGELS, Friedrich: El origen de la familia, la propiedad privada y el estado

La dictadura del proletariado, tal como la define Stalin "es el instrumento de la revolución proletaria, un organismo suyo, su punto de apoyo más importante10". Es decir, una vez hecha la revolución socialista, el nuevo Estado se constituye a partir de un órgano de poder propio. Este Estado tiene su eje central en el Partido Comunista, quien mediante el centralismo democrático y la burocracia controla todas las instituciones políticas.

Pero, ¿cómo se llega a la dictadura del proletariado? Lenin explica que "la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del poder estatal11". Para que pueda surgir el Estado socialista, es necesario una revolución armada para destruir el Estado anterior y poder construir así el socialismo. Esto puede llevar a la guerra civil entre los poderes opuestos a la revolución, un caso de ello fue la Guerra Civil rusa antes de que se constituyera la Unión Soviética: "destruir el aparato del Estado, nos indica bien visiblemente cómo la clase dominante se esfuerza por restaurar los destacamentos especiales de hombres armados a su servicio, cómo la clase oprimida se esfuerza en crear una nueva organización de este tipo, que sea capaz de servir no a los explotadores, sino a los explotados12".

La dictadura del proletariado consta en socializar los medios de producción y ponerlos al servicio de la clase obrera, siendo así, acabando la explotación del hombre por el hombre y creando el sistema socialista.



Bibliografía consultada:

ENGELS, Friedrich (1847): Principios del comunismo, Barcelona: Progreso, 1989.

ENGELS, Friedrich (1884): El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Madrid: Editorial Fundamentos, 1997.

HARNECKER, Marta (1969): Los conceptos elementales del materialismo histórico, Madrid: Siglo veintiuno editories S.A., 1976.

LENIN, Vladimir (1917): El Estado y la revolución, Madrid: Alianza editorial, 2006.

MARX, Karl (1867): el Capital, Bogotá: Fondo de Cultura Económica, 1952.

MARX, Karl – Friedrich Engels (1848): el Manifiesto del Partido Comunista, Barcelona: Progreso, 1989.

POLITZER, Georges (1935): Principios elementales y fundamentales de la filosofía, Madrid: Akal, 2004.

Notas a pie

1MARX, Karl – Friedrich Engels (1848): el Manifiesto del Partido Comunista, pp. 36, Barcelona: Progreso, 1989.
2POLITZER, Georges (1935): Principios elementales y fundamentales de la filosofía, Madrid: Akal, 2004.
3MARX, Karl (1867): el Capital, libro III, cap LII, pp. 817-818. Bogotá: Fondo de Cultura Económica, 1952.
4ENGELS, Friedrich (1847): Principios del comunismo, pp. 75, Barcelona: Progreso, 1989.
5MARX, Karl – Friedrich Engels (1848): el Manifiesto del Partido Comunista, pp. 37, Barcelona: Progreso, 1989.
6Stalin, Iosef: Cuestiones del leninismo, ed. Lenguas Extranjeras, Moscú, 1946, pp. 539 – 53.
7MARX, Karl – Friedrich Engels (1848): el Manifiesto del Partido Comunista, pp. 51, Barcelona: Progreso, 1989.
8Engels, Friedrich: Anti-Dühring, Grijalbo, México, 1965, p. 12.
9LENIN, Vladimir (1917): El Estado y la revolución, pp. 44, Madrid: Alianza editorial, 2006.
10STALIN, Iosef (1924): Fundamentos del leninismo, pp. 20,
11LENIN, Vladimir (1917): El Estado y la revolución, pp. 45, Madrid: Alianza editorial, 2006.
12LENIN, Vladimir (1917): El Estado y la revolución, pp. 48, Madrid: Alianza editorial, 2006.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Si mis manos pudieran deshojar a la luna de Federico García Lorca



Federico y su piano

Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas,
y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
nuestras horas antiguas.
Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.
¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿Qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
Si mis dedos pudieran
deshojar la luna.

- Federico García Lorca

domingo, 1 de noviembre de 2015

Del oficio de escribir, reflexión sobre el arte y las letras




Tomando ora la espada, ora la pluma” – Garcilaso de la Vega, égloga III

Miguel Hernández definió la literatura como la crónica de las tres grandes heridas: vida, amor y muerte. Desde la aparición de la escritura en el 3100 aC hasta ahora, el ser humano siempre ha producido textos y ha creado, sus inquietudes siempre han sido muy parecidas pero han variado según el contexto. Tanto las letras como el arte, forman parte inherente de la mentalidad humana y ya desde tiempos pretéritos que el hombre ha tenido siempre la voluntad de manifestarse. El lenguaje ha sido un canal atractivo donde poder transmitir aquello que el individuo siente y desea expresar, lo que ha sido durante mucho tiempo como el arte, la dialéctica del sentimiento: la poesía y la prosa.

Hoy, muchos siglos adelante, miramos el futuro en un tono nostálgico, añorando la bella y recta Roma, la blanca y dulce Grecia, soñando con estar a orillas del río Tiber o en clases de lógica con los maestros griegos. El hombre romántico, ha tendido a divinizar las figuras del pasado donde muestran un reflejo irreal de lo que fue aquella Roma y Grecia que los poetas románticos exaltaron. Si algo es cierto, es que a día de hoy, seguimos leyendo los clásicos en las escuelas, universidades, bibliotecas y nuestras casas, leyendo a Aristófanes, Hómero, Virgilio, Ovidio, Plauto, Terencio. Nos seguimos riendo de las mismas alegrias, llorando de las mismas penas, sufriendo al fin y al cabo por lo mismo, por el paso de la vida, por aquello que Hernández calificó como las tres heridas del hombre: vida, amor y muerte. Porque el hombre de hoy, que parece que tenga que extrañar o le es ajeno lo antiguo, sigue siendo en esencia lo mismo.

El ser humano es un animal político, porque no nos engañemos, toda la vida en sí se trata de tomar partido y toda decisión en la vida es política, aunque creo también, que el ser humano es un ser irracional y sentimental. Nunca sabremos porqué los primeros humanos quisieron rasgar las paredes de las cuevas donde vivían y pintar animales y figuras humanas. Tampoco sabremos porqué tomando las estrellas del cielo quisieron crear formas para hacer constalaciones. No sabremos tantas cosas, pero lo que sí que sé es que el hombre por algo inherente a él, por el hecho de ser humano, siente, y al sentir, es cuando surge el deseo y este lleva consigo un deseo irracional. Porque los humanos somos irracionales y somos imperfectos, porque deseamos, soñamos, porque en aquello que desconocemos creemos que nos es extraño, pero no hay nada tan extraño para un hombre que el propio hombre.

Año 2015 después de Cristo, a día de hoy, los humanos han inventado los ordenadores personales y los libros electrónicos y quizá algún día se pase del uso del papel al uso de la tinta digital para la lectura de los libros. Pero estoy seguro, que aunque los canales varien o aunque la modernidad quiera aclaparar lo tradicional, podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía, porque a pesar de que no surga el deseo, que alguien en alguna parte sueñe, continuarán existiendo los mismos dolores y las mismas alegrias, porque el hombre por muy moderno que sea, sigue siendo un animal que está dispuesto a sufrir pero también a vivir y tiene el derecho a manifestarse.

Y a día de hoy, nos puede parecer absurdo que alguien decida hacer una carrera de humanidades o que no hay nada que decir ya en la literatura y en el arte porque todo ya está hecho. Pero aunque parezca imposible, el ser humano está destinado a expresarse y a refugiarse en el arte. Porque en la sociedad deshumanizada, en el mundo del espectáculo, en la distopía de Fahrenheit 451, siempre habrán algunos locos que se aferran a sus libros como el Quijote o Guerra y Paz y siempre habrá algo para que valga la pena escribir y para algo que merezca la pena existir.

Preguntarse sobre la existencia es preguntarse: ¿para qué sirve vivir? o ¿qué es vivir? Y creo firmemente que la existencia tiene el significado que queramos darle y que la visión edulcorada y perfecta de la vida sin problemas y solucionada es solo un mito moderno. Nietzsche consideraba que la vida representa sufrir penurias, enfermedades, fracasos y numerosos golpes. Pero es de estos golpes es cuando uno se templa y como una piedra poco a poco va perfilándose a medida que a cada golpe nos deja al sitio donde deberíamos de estar. Debemos de aprender de ello y a la vez es esto lo que nos hace ser nosotros mismos. La vida de una persona es una historia y cada vida tiene sus historias particulares. Es cuando entonces toma como cauce el arte, porque el arte muchas veces, ha sido canal y manifestación de los males de muchos artistas y escritores que decidieron del barro de la vida dar algo de provecho.

La literatura es un fenómeno universal y muchas veces los escritores se han hecho la pregunta retórica de ¿para qué sirve escribir? o ¿para qué escribir? Y creo que una de las respuestas más lúcidas fue la de André Gide: escribo para que me lean. Cuando alguien decide escribir es porque muchas veces siente la fuerza interior de hacerlo. Ser escritor significa escribir y esto conlleva muchas veces no ser capaz de llevar a las palabras aquello que el espíritu siente y ser escritor es ser capaz de transformar los sentimientos en palabras y convertirlos en estatuas, en cincelar mediante versos y frases. Platón consideraba inaudito cuando asistía al teatro y veía que el público reía o lloraba asistiendo a una obra de teatro porque Platón sabía que eso no era real. Pero a veces el hombre necesita de ilusiones para vivir y necesita refugiarse en la risa y el llanto ante el tedio de la vida.

Yo quiero hacerme la misma pregunta de un modo personal, ¿para qué escribo o para qué escribir? Escribo por el placer de escribir y para no sentirme tan solo. Porque cuando escribo, cuando siento que estoy hablando conmigo mismo, me siento feliz y reconfortado de saber que aquello que escribo toma sentido y forma parte de la realidad y de la vida, porque los sueños, aunque sueños son, son necesarios para el hombre y cuando alguien en alguna parte del planeta imagina, aquello que idealiza es tan cierto como la existencia de ese individuo.

Este artículo ha pretendido ser una reflexión sobre la literatura y sobre muchas cosas más. Espero que algún día nos planteamos de un modo diferente el oficio de escribir, para que crezcan el número de lectores y el número de escritores y entre todos, una nueva forma de ver el arte y entender que aquello que muchas veces es tachado de inútil es lo que puede ser más útil y más propio de las personas.

Lee también el artículo en la Trivial: https://latrivial.wordpress.com/2015/10/24/del-oficio-de-escribir-reflexion-sobre-el-arte-y-las-letras/

sábado, 31 de octubre de 2015

Tabaquería de Fernando Pessoa


Fernando Pessoa


No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.

Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.

Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?

No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)

Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.

(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)

He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.

He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.

Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.

Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.

Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.

El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.

- Fernando Pessoa

viernes, 30 de octubre de 2015

El último poema de Robert Desnos

La última foto del poeta Robert Desnos en el campo de concentración de Terezin


Tanto soñé contigo,
caminé tanto, hablé tanto,
tanto amé tu sombra,
que ya nada me queda de ti.

Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.

- Robert Desnos

Lee el artículo y el poema entero en Drugstore: http://drugstoremag.es/2015/06/el-ultimo-poema-de-robert-desnos/


Retrato


La caída de las hojas de otoño, Vincent van Gogh

L'automne, déjà! – Arthur Rimbaud

El otoño ya de nuevo se abre como una cortina cerrada
que deja entrever entre sus delgadas lineas un horizonte
de un sol silencioso y apagado como las llamas inquietas
que agitan las inciertas luces de las mojadas calles.

Triste, como el viento que acaricia las plácidas aguas
donde el tiempo parece impasible y frío como una roca,
transito solitario en este viaje crepuscular
más allá de estos altos muros y jaulas.

Dichosas son las aguas tranquilas de los jardines
y más aquellas brisas que susurran entre los árboles,
donde a veces oigo el eco solemne que llevan consigo
las rotundas gotas de la lluvia o las hojas muertas.

Durante las noches, hago y rompo papelillos de libros
para guardarlos en secreto dentro una caja de madera,
y los días de niebla los saco a pasear
para ahogarme con ellos al fondo del estanque.

Soy una estatua triste sin rostro
que el tiempo dejó herida
en forma de labios y manos
el peso aciago de las palabras.

- Pau Baraldés

viernes, 23 de octubre de 2015

Madrigal nocturno


Birds Perched on Winter Branches, Maud Earl 



La noche no del todo dormida
como una telaraña inquieta se abre,
y a través de sus manos de estrellas y luna
recorre las peñas y bosques insomnes.

Oh, si yo pudiese ser como una mano inquieta
donde a través de mis sueños pudiese pegar
en la telaraña aquellas palabras perdidas
que el viento hace tiempo levantó como polvo.

Calla, ¿no lo oyes? Son los pájaros del tiempo
que vienen cantando sus trinos de plata,
como canta esta noche la zumaya, como la alondra
que agita sus alas cansadas entre la hierba.

Yo vengo de un silencio triste llamado olvido
que el tiempo cercenó sus piedras como llosas,
y yo soy errante como el cantar, como un pájaro
dormido que transita ciego estas veredas.

Esta noche cantan y cantan y cantan,
pero mi corazón no los oye,
no sé si volverán aquellos pájaros
pesados como estos versos al volar.

- Pau Baraldés

sábado, 10 de octubre de 2015

Prometeo



També podeu llegir l'article a la Trivial: https://latrivial.wordpress.com/2015/10/06/prometeo/

1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.


1:2 Este era en el principio con Dios.

1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

-Evangelio según san Juan
Y Dios creó el mundo y era perfecto. Y no había desigualdades, ni opresores, ni oprimidos, ni pobreza, ni miseria y todos eran felices y era gracias a él, gracias a su enorme bondad divina que tocó un buen día la frente del hombre, hasta que las antorchas de la verdad bajaron a las manos de los mismos hombres. Algunos se tapaban con sus túnicas al ver las luces del fuego, otros quemaron sus barbas al ver las llamas tan de cerca. Y entonces, Dios castigó al que llevó el fuego al hombre con el olvido y el anonimato.
Dicen que la historia es el espejo de las naciones, pero yo creo que es más bien un espejismo. Ustedes creen, que de verdad, en la historia antigua, como la historia en general, los milenios que pasaron, ¿podemos resumir su historia en algunos libros? Cuántos libros y documentos se han perdido por el paso de los siglos y cuantos templos han sido destruidos y vueltos a construir de nuevo. El hombre ha roto falsos ídolos y ha vuelto a construir otros, y cuando le ha convenido ha creado mentiras y desmentido otras. La historia muchas veces nos es imprecisa y no resulta ser muchas veces una visión exacta de la realidad pasada. Es la diferencia entre la literatura y la historia, entre la realidad y el mito.
Del pasado solo conocemos sombras y creo que nunca podremos imaginar y visualizar con claridad cómo era el pasado. Cuánto más ahondamos en él, más ignoramos y más borroso se vuelve. No hay edades de oro, no hay épocas gloriosas. No existe esa Grecia blanca, filosófica y matemática como tampoco esa Roma victoriosa, clásica y civilizada. Eso son construcciones culturales que hemos heredado de aquellos que han querido crear unos referentes para justificarse a sí mismos. No quiero quitar el mérito que han tenido las fuentes clásicas para la cultura occidental. Pero siempre se nos ha sido inculcada la visión cándida de la Grecia y la Roma, de los pitagóricos, de las victorias de Alejandro y Marco Aurelio, de la arquitectura y de la poesía. Pero poco se ha señalado creo yo a la visión más realista a mi modo de ver de lo que supuso políticamente estas épocas doradas. No se ha hablado de la misma manera de los esclavos, como tampoco de aquellos pueblos que solo hoy conocemos nombres y nos suenan extraños. No son tan simples las cosas como parecen, el pasado es algo complejo que nos enseña cómo fuimos y puede definir cómo seremos. Y la visión romántica es la que puede generar espejos donde las naciones se contemplan a sí mismas y quieren volver a ser lo que eran.
Controlando la historia, controlas la memoria, el pensamiento y la cultura que viene determinada de ella. La historia es más que una sucesión de hechos y de años. Si releemos a los clásicos es porque como los griegos y los romanos, padecemos de los mismos dolores y simpatizamos por los mismos problemas. El ser humano es muy diferente de antaño, pero sigue siendo humano y sigue condenado a repetir los mismos errores y en recapacitar sobre ellos. Es por ello que hay un interés en secuestrar la historia, porque aquellos que no recuerdan ni tienen el pasado como experiencia, están condenados a ser engañados. La historia es algo inherente a la humanidad y a todas las personas que forman parte del mundo, porque estas tienen su historia y es gracias a ella que son de una determinada forma y tienen un determinado carácter. Pero esta se puede ver por muchos prismas y a veces tendemos a engrandecer y a empequeñecer los hechos y esto nos puede llevar a manipulaciones y a creencias muy corrientes dentro de la sociedad.
Los palacios de cristal, las bellas imágenes románticas donde el hombre circula a través de ella como civilizado, culto y dueño del mundo, merecen ser destruidas y son fruto del hombre moderno capitalista. Dentro de esta lógica, el oro y la plata de la historia son gracias a que ciertos pueblos fueron expoliados de sus recursos naturales y a los esclavos y trabajadores que lo substrajeron y le dieron forma para que lo pudieran manipular los señores y los reyes. ¿Y vamos a seguir así? Pensando en que vendrán Prometeos, profetas nuevos, que vendrá el Mesías a traernos la redención final. Esperando que una fuerza sobrehumana nos ayude a solventar nuestras carencias como hombres. La única redención que puede existir para el hombre es empezar a caminar hacia al abismo y hacer aquello que pocos han hecho, coger la antorcha de la ideología y ser capaz de sobrevivir en un mundo que quiere rebaños en vez de leones.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Septiembre

El prisionero, 1878, Nikolai Yaroshenko.

Puedes poblar mi soledad humana – Luis Cernuda

No hagáis mucho ruido
y cerrad la puerta cuando marchéis,
recordadme, recordadme como aquel
que pasa, como pasan las horas
y las hojas secas del verano.
Vengo de un silencio oscuro
tan oscuro como los espejos,
oscuro como las fuentes de la noche,
oscuro como las palabras que susurra
el viento.
Coged esta llave, que está hecha de versos
de rocas y de sal, y tiradla lejos
para que no pueda cogerla.
Entonces, dadme vuestras manos
para romper los barrotes de mi cárcel.

- Pau Baraldés

jueves, 10 de septiembre de 2015

Camus y la rebeldía



També podeu llegir l'article aquí: https://latrivial.wordpress.com/2015/08/21/camus-y-la-rebeldia/


Esta segunda entrega, plantea ser más una reflexión sobre asuntos tratados en el anterior artículo y el papel fundamental que recorre el existencialismo en la cultura, arte y literatura en el pasado siglo y hasta la actualidad. Siguiendo un poco el hilo conductor, me gustaría ahondar más en las vanguardias que es donde se cristalizan gran parte de -ismos que marcarán un papel fundamental en el arte y en la concepción de ver el mundo. Bajo mi punto de vista, lo que nos enseñan las vanguardias es un rechazo tremendo que sienten los artistas que integran estos movimientos a lo que es la realidad de su momento. Los escritores y artistas de finales del XIX y principios del XX están completamente desilusionados con lo que es la sociedad y lo que es su vida personal. La civilización no ha sido capaz de consolidarse como un proyecto de futuro para tantos jóvenes que han visto sus esperanzas truncadas por la guerra o por los altibajos de la economía, aparece una nuevo modelo de mundo que se irá realizando a medida que se desarrollen las fuerzas productivas. Por eso la juventud se refugia en el arte y en la marginalidad, porque los gobiernos y la cultura del establishment los han educado en unos valores que ellos no creen y que no han sido capaces de darles respuestas a sus preocupaciones, rechazan la vida acomodada y se muestran inconformistas. Los artistas sufren de angustia existencial y a la vez moral, el fruto de sus obras es la irracionalidad y la contradicción que sienten entre lo que ellos viven interiormente y lo exterior que muchas veces no eligen. Este es el punto donde se unen muchas ideas que parecen entrelazadas entre sí: la crítica al sistema capitalista de Marx, la interpretación de los sueños y del individuo de Freud y el superhombre y la construcción personal de Nietzsche. Los esquemas morales del XIX quedan completamente demolidos con las aportaciones filosóficas modernas y así como las luchas de los artistas siempre habían sido la lucha entre el ego y Dios, ahora la lucha se trata de un mismo sujeto, entre las dos realidades que conviven en la misma persona, en el lobo estepario.
Uno de los ejemplos más reconocidos de la literatura existencialista, es el Extranjero, de Albert Camus. En este libro, Camus escribe parte de su vida y parte de ficción para hacer un relato en primera persona sobre cómo el protagonista concibe la vida y cómo de absurda le parece. Por eso no nos debe de extrañar que en el desarrollo de la novela, el protagonista decida matar al árabe, no porque sea racista sino porque desprecia la vida y le da igual la muerte y el sufrimiento ajeno, se da cuenta que su existencia está condenada al fracaso, de la misma manera que él desprecia a su mujer, a sus amigos y a su madre. El protagonista es un infeliz que no se arrepiente de nada porque todo le parece banal y la vida en sí misma le resulta absurda, en los momentos más crudos del desenlace del libro, no se arrepiente de haber elegido su destino y se da cuenta que ha sido él mismo quien ha elegido su propio camino. Esta forma de ver las cosas, cabe decir que es muy exagerada y nos puede parecer algo muy extraño, pero esto no es más que el desarrollo progresivo que ha ido teniendo el existencialismo hasta su forma más visceral y extrema. Este caso no es como Malraux que plantea la antítesis moral, donde el protagonista se da cuenta de las carencias de la vida pero que aún así, contra todo pronóstico quiere luchar para cambiar las condiciones materiales. En el caso de Camus, sus protagonistas son anti-héroes, son simples hombres que no creen en el mundo, no sienten ilusión hacia su propia existencia.
El relato de Albert Camus es sórdido y parece chocante respecto a la visión cultural que tenemos ahora de la vida, más acorde con un nuevo modelo económico neo-liberal donde domina la sociedad del espectáculo. Pero Camus ahonda en la visión pesimista de la vida y nos dice: la existencia es esto, la vida no es nada más que sufrimiento. Como Camus, la generación de escritores de principios del siglo XX que después de los horrores de la guerra mundial y de la recesión económica del 29, prefieren refugiarse en la ficción y en el arte porque no tienen simpatía hacia la realidad, es la lucha entre los dos yo. No sirven de nada unos ideales de bondad en una sociedad corrompida hasta los huesos, son las dos caras opuestas entre Malraux y Camus.
El existencialismo es tan presente y tan vivo hasta nuestros días que incluso podemos ver semejanzas con movimientos acaecidos en las últimas décadas y que siguen siendo recientes en nuestros días, como el surgimiento de la cultura punk o de los movimientos contra-cultura como el 15 M o el Mayo del 68. Con la guerra fría y la posterior caída de los regímenes de la Europa del este, aparece un mundo nuevo y nuevas expectativas desiguales donde los jóvenes muchas veces recurren a la marginación porque es una forma de rebeldía contra el estatus quo y la realidad material. Puede parecer que los esquemas se repiten de nuevo y creo que de Baudelaire a Kurk Cobain, la historia puede ser cíclica y aquellos jóvenes poetas que en el siglo XIX protestaban contra el arte burgués y la irrupción del imperialismo tienen sus semejanzas con el movimiento hippie y el movimiento anti-globalización de la segunda mitad del siglo XX, donde los jóvenes cansados deciden no ir a la guerra y rechazan las tradiciones y la educación de sus padres. Es entonces que tantos jóvenes y adultos recurren al arte para refugiarse en su interior, porque rechazan al mundo. Las mismas ideas son recurrentes, el alcoholismo, lo oculto, el hedonismo y al individualismo. Esta reelectura del existencialismo y del irracionalismo que se origina en el siglo XIX me suscita pensar que es por eso que los artistas siempre han ido contra todo orden, siendo críticos y señalando aquellos problemas que han afectado siempre a los comunidades minoritarias.
Como conclusión, creo importante concienciar de una forma nueva a las generaciones venideras sin dramatizar tanto la realidad. A modo de reflexión final, cabría decir que hace falta un cambio social para que de este emane una nueva cultura popular. Siendo así, podremos acabar con la visión pesimista generalizada en el arte y en la política.

domingo, 30 de agosto de 2015

Agosto



Quisiera escribirte
como otro agosto de mi vida,
frío y breve,
febril y triste,
como estoy ahora
en este otoño prematuro
llamado olvido.
Cómo pesan las piedras,
cómo pesa esta losa
llamada tiempo.
Mira, el agosto es como un bosque
recóndito y pequeño,
donde los árboles vienen y van
a desnudarse.
Yo vengo de un silencio llamado verano
lluvioso y frío
como un otoño imperfecto.
Y qué imperfectas
somos las personas,
como este verano que se marcha,
como este poema,
como este quien lo escribe,
como tú,
como yo.

- Pau Baraldés

miércoles, 19 de agosto de 2015

Julio

Conocerte como conocer el sueño de una noche
y enamorarse como lo hacen los enamorados,
los mismos arboles pintados por la luna,
las mismas sabanas, las mismas palabras de siempre.

Creer en algo extraordinario y recuperar el sentido
y el gusto por la miel blanca de la leche,
yo siempre he pensado en eso de que pensaran
los bancos, los pájaros, las colillas.

Celebrarse uno mismo, bañarse en un lago
tan insondable como un bosque de vocablos,
sentir que no fuiste mía pero que fui tuyo
como este sueño de verano, como mis versos,
como mis manos.

- Pau Baraldés

miércoles, 5 de agosto de 2015

El existencialismo y la lucha en l’Espoir de Malraux




També podeu llegir aquí l'article: https://latrivial.wordpress.com/2015/08/02/el-existencialismo-y-la-lucha-en-lespoir-de-malraux/


El existencialismo como escuela y corriente filosófica tiene sus raíces en la primera mitad del siglo XIX. Se ha querido dividir el existencialismo en tres ramas: el existencialismo ateo, el más reciente de todos, encabezado por Jean-Paul Sartre, el existencialismo cristiano, muy potente y que cuenta con grandes plumas como Dostoievsky y Kierkegaard y el existencialismo agnóstico, de Camus y Heidegger. Definir el existencialismo no es una tarea fácil y más tratándose de una filosofía tan ricamente nutrida y adaptada a muchos escritores. El existencialismo surge en pos del positivismo, rompe con lo anterior y se centra en el individualismo y en el irracionalismo del género humano. El existencialismo tiene como eje los problemas que padecen los seres humanos, centrándose en la angustia, el miedo, la melancolía, lo absurdo, podríamos decir es la mirada más amarga y real de la filosofía.
Uno de los grandes pensadores del siglo XIX, Nietzsche, trata en sus escritos de la tarea que tenemos las personas de convertir del barro de la vida en alegrías, algo así que él llamaba la alquimia del dolor. Muy relacionada con la idea del Übermensch o el super-hombre, la idea de ser capaz de dominarse uno mismo y sus sentimientos y ser capaz a su vez de disfrutar de los placeres, una idea que rompe con la tradición clásica del auto-control y de la abstinencia. Así es como se puede crear el super-hombre mediante la transvaloración de los valores, ser capaces de destruir aquello que nos ha sido impuesto y poder crear unos valores nuevos, la moral del señor. Nietzsche marca un punto y a parte en la filosofía y en la historia del pensamiento político y moral, porque era necesario modernizar y crear valores nuevos, muy alejados de aquellos valores caducos que la filosofía tradicional enseñaba en tiempos de Nietzsche. La importancia va más allá de que en el ámbito personal seamos capaces de crearnos a nosotros mismos y de la posibilidad de convertirnos en mejores seres, sino también en ser capaces de criticar la moral impuesta y poder decidir por nosotros mismos.
Muchos escritores y artistas van a ser influidos del individualismo de Nietzsche, pero para mí creo que hay un punto y a parte en la historia del pensamiento y del arte después de la primera guerra mundial. El existencialismo que trata de una forma pesimista y determinista de ver el mundo, aún tendrá más fuerza después del trauma de la gran guerra, la guerra moderna que ha demostrado el salvajismo de las civilizaciones y la cara más cruenta del imperialismo. Las vanguardias de los años 20 adaptarán una fuerza política nunca antes vista después de la revolución rusa y de los primeros focos del fascismo en Italia. Se va configurando la visión de un intelectual nuevo, el intelectual orgánico, el artista toma papel consciente de la sociedad y denuncia aquello que no le es agradable mediante el arte y el periodismo. El siglo XX es un siglo violento y los intelectuales quieren ser partícipes de la realidad política y social, algo que Gramsci se dará cuenta y para las sociedades modernas la figura del intelectual orgánico será clave para crear una nueva cultura popular que emane del pueblo.
Podría alargarme más y sé que es difícil poder definir en pocas páginas qué es el existencialismo, pero me centraré esta vez en tratar sobre la visión del existencialismo en la novela francesa de principios del siglo XX y en especial a una novela que plantea la nueva visión del hombre de acción,l’Espoir de André Malraux. La Esperanza es una novela que recopila la historia del piloto francés Malraux en la cuadrilla Spagne que la formaban voluntarios que fueron a luchar contra el fascismo en el bando de la II República. La Esperanza es un valiente e importante documento histórico que explica la historia de muchos de los personajes que vivieron en primera línea el horror de la guerra y de la lucha de clases en España. En el libro, se plantean muchas de las cuestiones de las cuales gira el existencialismo, pero a mí me gustaría destacar el papel de la lucha, visto como algo necesario y redentor para poder crear una sociedad más justa pero que a su vez es difícil poder luchar por causas perdidas. Los sueños que no acaban de fraguarse y la derrota de la República española que marcarán a la nueva generación de artistas europeos después de la guerra civil española.
Habría que definir bien el concepto de la Esperanza. Este término que tanto uso y que le doy un valor característico deriva en parte del libro con el mismo título de André Malraux: l’Espoir. Mi concepto no es el mismo que el que expresa el escritor en su novela, son esperanzas distintas, aunque he de reconocer que me baso en gran parte en su relato y su mensaje. La Esperanza, ¿qué es la esperanza para André Malraux? Deberíamos de saber que su novela trata sobre la guerra civil española y él escribe esta novela y más tarde hará una película con el mismo título, una película que por cierto, fue grabada en Barcelona durante la guerra civil española. La esperanza para Malraux se basa en aquellos hechos que dignifican la vida del hombre. Malraux ha contemplado el horror de la guerra y sabe que no hay nada de humano ni de excelso en la guerra moderna, que más bien una guerra se trata de un apocalipsis como apunta algunas veces. La esperanza para entonces son aquellos actos de solidaridad pura, de bondad hacia al prójimo y el creer en un ideal superior hacia un bien común. Sabemos que Malraux simpatizaba con el PCE durante la guerra civil y que su postura era muy parecida a la de las Brigadas Internacionales, por lo tanto, no es raro llegar a la conclusión que es la esperanza aquello que une al hombre en su lucha contra las desigualdades y que busca dignificar la vida pese a la miseria, la guerra y la propia existencia. Malraux también es un escritor existencialista y ello lo vemos en su forma de tratar los sentimientos de los personajes, sus realidades y horizontes así como también sus límites. Su libro es un alegato a la libertad humana, un grito a que el hombre salve lo que queda de ese mundo ideal para poder construir otro de nuevo. Malraux tiene dos facetas: la de militante y soldado comunista y la de escritor aventurero existencialista. En su trayectoria, el escritor sigue tratando la problemática de la realidad que se encuentra la humanidad, busca crear una esencia donde poder reconocer a aquellos hombres inconformistas que no quieren aceptar su realidad (El demonio del absoluto, biografía sobre T. E. Lawrence o la Condición humana sobre la revolución china).
Teniendo en cuenta mi breve visión e interpretación de lo qué es para Malraux la esperanza, voy a decir cual es mi visión. La esperanza es aquello que hace que el hombre pueda creer en unos ideales y dar su vida si hace falta por ellos. La esperanza es aquello que unifica las virtudes del hombre y hace que sea un ser capaz de poder mejorarse a sí mismo y a la sociedad en su conjunto, al individuo y al colectivo a la vez. La esperanza es aquello que dignifica, el no saber claudicar y seguir luchando por las buenas acciones que inspira tal sentimiento. La esperanza pasa a ser algo de vital importancia para la existencia del hombre y es lo que lo diferencia de ser un cobarde. He de reconocer que mi interpretación está basada en parte en el superhombre de Nietzsche y también por otros autores y escritores (Camus, Kafka, Hesse, Lorca, Baudelaire: todos ellos tienen una insatisfacción hacia la vida y tienen puntos de vista en parte existencialistas).
Habiendo visto así resumidamente el papel que influye la filosofía existencialista en la novela francesa, prometo seguir escribiendo en otro artículo ya que es un tema muy extenso y requiere un análisis muy minucioso.