jueves, 31 de diciembre de 2015

Yo de Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges con 21 años

La calavera, el corazón secreto,
los caminos de sangre que no veo,
los túneles del sueño, ese Proteo,
las vísceras, la nuca, el esqueleto.
Soy esas cosas. Increíblemente
soy también la memoria de una espada
y la de un solitario poniente
que se dispersa en oro, en sombra, en nada.
Soy el que ve las proas desde el puerto;
soy los contados libros, los contados
grabados por el tiempo fatigados;
soy el que envidia a los que ya se han muerto.
Más raro es ser el hombre que entrelaza
palabras en un cuarto de una casa.

- Jorge Luis Borges, La rosa profunda, 1975

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Poetas por venir de Walt Whitman




¡Poetas por venir! ¡Oradores cantores,
músicos por venir:
El hoy no me justificará ni me responderá por
lo que soy,
Sino vosotros, una nueva estirpe, nativa,
Atlética, continental, más grande
Que cualquiera conocida,
¡Despertad, pues vosotros debéis
justificarme!
Yo tan sólo escribo una o dos palabras
Indicativas para el futuro,
Avanzo tan sólo un momento y me
Apresuro de regreso a la oscuridad.
Soy un hombre que, vagando sin detenerse
Del todo, os lanza una mirada
casual y luego oculta el rostro,
Dejando que vosotros demostréis y defináis,
Esperando de vosotros lo más importante.
Desconocido, si al pasar me encuentras y
Deseas hablarme, ¿por qué no habrías
De hacerlo?
¿Y por qué no habría de hablarte yo?

- Walt Whitman

lunes, 7 de diciembre de 2015

Nocturno


Alphonse Mucha, 1920, Noche.

Bailaba la luna sobre el puente tranquilo
como una vela blanca en el fondo de una botella,
y la luna tenía tus ojos, tus ojos de loba,
y era un espejo brillante en el río.

La noche vestida de oscuras ropas
tocó con sus cansadas manos las aguas,
sembrando de nieve y escarcha las zarzas tristes
donde pasa el viento acariciando las hojas.

Relucía la muerte en las tinieblas
como un chasquido metálico y fulgurante,
ha sembrado en tus ojos la flor serena
que vendrá a cortar sus pétalos de lluvia.

Oh noche, reinando el silencio en tu torre
no hay quien toque tu palacio de diamantes,
tus velos y tus tupidas sábanas de estrellas
donde el hombre apacible pueda dormirse.

- Pau Baraldés