sábado, 31 de octubre de 2015

Tabaquería de Fernando Pessoa


Fernando Pessoa


No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.

Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.

Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?

No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)

Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.

(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)

He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.

He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.

Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.

Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.

Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.

El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.

- Fernando Pessoa

viernes, 30 de octubre de 2015

El último poema de Robert Desnos

La última foto del poeta Robert Desnos en el campo de concentración de Terezin


Tanto soñé contigo,
caminé tanto, hablé tanto,
tanto amé tu sombra,
que ya nada me queda de ti.

Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.

- Robert Desnos

Lee el artículo y el poema entero en Drugstore: http://drugstoremag.es/2015/06/el-ultimo-poema-de-robert-desnos/


Retrato


La caída de las hojas de otoño, Vincent van Gogh

L'automne, déjà! – Arthur Rimbaud

El otoño ya de nuevo se abre como una cortina cerrada
que deja entrever entre sus delgadas lineas un horizonte
de un sol silencioso y apagado como las llamas inquietas
que agitan las inciertas luces de las mojadas calles.

Triste, como el viento que acaricia las plácidas aguas
donde el tiempo parece impasible y frío como una roca,
transito solitario en este viaje crepuscular
más allá de estos altos muros y jaulas.

Dichosas son las aguas tranquilas de los jardines
y más aquellas brisas que susurran entre los árboles,
donde a veces oigo el eco solemne que llevan consigo
las rotundas gotas de la lluvia o las hojas muertas.

Durante las noches, hago y rompo papelillos de libros
para guardarlos en secreto dentro una caja de madera,
y los días de niebla los saco a pasear
para ahogarme con ellos al fondo del estanque.

Soy una estatua triste sin rostro
que el tiempo dejó herida
en forma de labios y manos
el peso aciago de las palabras.

- Pau Baraldés

viernes, 23 de octubre de 2015

Madrigal nocturno


Birds Perched on Winter Branches, Maud Earl 



La noche no del todo dormida
como una telaraña inquieta se abre,
y a través de sus manos de estrellas y luna
recorre las peñas y bosques insomnes.

Oh, si yo pudiese ser como una mano inquieta
donde a través de mis sueños pudiese pegar
en la telaraña aquellas palabras perdidas
que el viento hace tiempo levantó como polvo.

Calla, ¿no lo oyes? Son los pájaros del tiempo
que vienen cantando sus trinos de plata,
como canta esta noche la zumaya, como la alondra
que agita sus alas cansadas entre la hierba.

Yo vengo de un silencio triste llamado olvido
que el tiempo cercenó sus piedras como llosas,
y yo soy errante como el cantar, como un pájaro
dormido que transita ciego estas veredas.

Esta noche cantan y cantan y cantan,
pero mi corazón no los oye,
no sé si volverán aquellos pájaros
pesados como estos versos al volar.

- Pau Baraldés

sábado, 10 de octubre de 2015

Prometeo



També podeu llegir l'article a la Trivial: https://latrivial.wordpress.com/2015/10/06/prometeo/

1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.


1:2 Este era en el principio con Dios.

1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

-Evangelio según san Juan
Y Dios creó el mundo y era perfecto. Y no había desigualdades, ni opresores, ni oprimidos, ni pobreza, ni miseria y todos eran felices y era gracias a él, gracias a su enorme bondad divina que tocó un buen día la frente del hombre, hasta que las antorchas de la verdad bajaron a las manos de los mismos hombres. Algunos se tapaban con sus túnicas al ver las luces del fuego, otros quemaron sus barbas al ver las llamas tan de cerca. Y entonces, Dios castigó al que llevó el fuego al hombre con el olvido y el anonimato.
Dicen que la historia es el espejo de las naciones, pero yo creo que es más bien un espejismo. Ustedes creen, que de verdad, en la historia antigua, como la historia en general, los milenios que pasaron, ¿podemos resumir su historia en algunos libros? Cuántos libros y documentos se han perdido por el paso de los siglos y cuantos templos han sido destruidos y vueltos a construir de nuevo. El hombre ha roto falsos ídolos y ha vuelto a construir otros, y cuando le ha convenido ha creado mentiras y desmentido otras. La historia muchas veces nos es imprecisa y no resulta ser muchas veces una visión exacta de la realidad pasada. Es la diferencia entre la literatura y la historia, entre la realidad y el mito.
Del pasado solo conocemos sombras y creo que nunca podremos imaginar y visualizar con claridad cómo era el pasado. Cuánto más ahondamos en él, más ignoramos y más borroso se vuelve. No hay edades de oro, no hay épocas gloriosas. No existe esa Grecia blanca, filosófica y matemática como tampoco esa Roma victoriosa, clásica y civilizada. Eso son construcciones culturales que hemos heredado de aquellos que han querido crear unos referentes para justificarse a sí mismos. No quiero quitar el mérito que han tenido las fuentes clásicas para la cultura occidental. Pero siempre se nos ha sido inculcada la visión cándida de la Grecia y la Roma, de los pitagóricos, de las victorias de Alejandro y Marco Aurelio, de la arquitectura y de la poesía. Pero poco se ha señalado creo yo a la visión más realista a mi modo de ver de lo que supuso políticamente estas épocas doradas. No se ha hablado de la misma manera de los esclavos, como tampoco de aquellos pueblos que solo hoy conocemos nombres y nos suenan extraños. No son tan simples las cosas como parecen, el pasado es algo complejo que nos enseña cómo fuimos y puede definir cómo seremos. Y la visión romántica es la que puede generar espejos donde las naciones se contemplan a sí mismas y quieren volver a ser lo que eran.
Controlando la historia, controlas la memoria, el pensamiento y la cultura que viene determinada de ella. La historia es más que una sucesión de hechos y de años. Si releemos a los clásicos es porque como los griegos y los romanos, padecemos de los mismos dolores y simpatizamos por los mismos problemas. El ser humano es muy diferente de antaño, pero sigue siendo humano y sigue condenado a repetir los mismos errores y en recapacitar sobre ellos. Es por ello que hay un interés en secuestrar la historia, porque aquellos que no recuerdan ni tienen el pasado como experiencia, están condenados a ser engañados. La historia es algo inherente a la humanidad y a todas las personas que forman parte del mundo, porque estas tienen su historia y es gracias a ella que son de una determinada forma y tienen un determinado carácter. Pero esta se puede ver por muchos prismas y a veces tendemos a engrandecer y a empequeñecer los hechos y esto nos puede llevar a manipulaciones y a creencias muy corrientes dentro de la sociedad.
Los palacios de cristal, las bellas imágenes románticas donde el hombre circula a través de ella como civilizado, culto y dueño del mundo, merecen ser destruidas y son fruto del hombre moderno capitalista. Dentro de esta lógica, el oro y la plata de la historia son gracias a que ciertos pueblos fueron expoliados de sus recursos naturales y a los esclavos y trabajadores que lo substrajeron y le dieron forma para que lo pudieran manipular los señores y los reyes. ¿Y vamos a seguir así? Pensando en que vendrán Prometeos, profetas nuevos, que vendrá el Mesías a traernos la redención final. Esperando que una fuerza sobrehumana nos ayude a solventar nuestras carencias como hombres. La única redención que puede existir para el hombre es empezar a caminar hacia al abismo y hacer aquello que pocos han hecho, coger la antorcha de la ideología y ser capaz de sobrevivir en un mundo que quiere rebaños en vez de leones.