miércoles, 20 de enero de 2016

Interludio


Llegó el invierno tal cómo se fue,
callado y sosegado
como los escaparates de las calles.
El viento remueve algunos papeles
usados, arrugados.

Llegó el invierno
y no consigo verte en esta mañana.
En esta mañana vienen a visitarme los recuerdos,
estoy sentado solo en un parque
y los pajarillos parecen cantar.

No suelo escribir sobre el presente
e intento concertarme leyendo un libro
pensando que no existes,
actuando con normalidad
y creyendo que no importa.

Si alguna vez consigues verme en tus recuerdos,
abrázame;
cuando son las horas oscuras
la luna entra a través de los barrotes de las ventanas,
yo también me he preguntado cuáles serán
las palabras que entran más adentro.

- Pau Baraldés

Puedes leer también el poema en la Trivial: https://latrivial.wordpress.com/2016/01/20/en-tus-recuerdos-abrazame/

martes, 19 de enero de 2016

Ven a sentarte conmigo, Lidia, a la orilla del río

Fernando Pessoa

Ven a sentarte conmigo, Lidia, a la orilla del río.
Con sosiego miremos su curso y aprendamos
que la vida pasa, y no estamos cogidos de la mano.
        (Enlacemos las manos.)

Pensemos después, niños adultos, que la vida
pasa y no se queda, nada deja y nunca regresa,
va hacia un mar muy lejano, hacia el pie del Hado,
        más lejos que los dioses.

Desenlacemos las manos, que no vale la pena cansarnos.
Ya gocemos, ya no gocemos, pasamos como el río.
Más vale que sepamos pasar silenciosamente
        y sin grandes desasosiegos.

Sin amores, ni odios, ni pasiones que levanten la voz,
ni envidias que hagan a los ojos moverse demasiado,
ni cuidados, porque si los tuviese el río también correría,
        y siempre acabaría en el mar.

Amémonos tranquilamente, pensando que podríamos,
si quisiéramos, cambiar besos y abrazos y caricias,
mas que más vale estar sentados el uno junto al otro
        oyendo correr al río y viéndolo.

Cojamos flores, cógelas tú y déjalas
en tu regazo, y que su perfume suavice el momento-
este momento en que sosegadamente no creemos en nada,
        paganos inocentes de la decadencia.

Por lo menos, si yo fuera sombra antes, te acordarás de mí
sin que mi recuerdo te queme o te hiera o te mueva,
porque nunca enlazamos las manos, ni nos besamos
        ni fuimos más que niños.

Y si antes que yo llevases el óbolo al barquero sombrío,
nada habré de sufrir cuando de ti me acuerde,
a mi memoria has de ser suave recordándote así- a la orilla del río,
        pagana triste y con flores en el regazo.

- Fernando Pessoa

domingo, 10 de enero de 2016

La poesía y Jorge Luis Borges



Soy esas cosas. Increíblemente
soy también la memoria de una espada
y la de un solitario poniente
que se dispersa en oro, en sombra, en nada.

- Jorge Luis Borges, Yo, La rosa profunda, 1975


¿Qué es la poesía?

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

- Miguel Hernández, Llegó con tres heridas


La poesía es como una fábula, las fábulas tienen un principio y un fin, pero no sabemos que es aquello que sucede por medio, la gracia del poema es en descubrir que es aquello que sucede. Cada poema, cada libro es diferente y cada lector también. En el acto de escribir un poema es el acto de reescribirse uno mismo y descubrirse quién es cada uno. Para el lector, el mismo libro cambia como el río heráclito, cambiamos constantemente e incluso el texto también. Cuando recordamos un libro que hemos leído también cambia nuestro recuerdo sobre cómo era el texto que habíamos leído y cambia en parte su significado. La literatura es expresión, está hecha de palabras y las palabras son un fenómeno estético en el poema, la estética corresponde al lenguaje y éste a la realidad.

¿Qué es entonces la poesía? Para Octavio Paz, la poesía consiste en ver y sentir las imágenes del poema. El poema es capaz mediante el lenguaje de hacer recobrar su originalidad que es mutilada por la prosa y la habla cotidiana. La palabra en el poema toma completa libertad y se muestra en imágenes. El poeta como el artista, usa de los instrumentos para crear arte, crear belleza, el poeta usa del lenguaje y lo transforma en imágenes capaces de trascender. El artista como el poeta es entonces un creador de imágenes. Como Borges dice, cada poema existe por sí mismo, no tiene intención ni preferencia, cada poema es una creación individual, personal.

Sentimos la poesía como sentimos una fruta o un paisaje, y es en el acto de escribir un poema, que el poeta descubre una parte suya que desconocía. El poeta, como dijo Baudelaire, es el traductor de los símbolos. El poeta es capaz de ser sensible a todas las cosas y su oficio consiste en transformar aquellas cosas que siente en palabras y las palabras en símbolos.

La poesía como dijo Gabriel Celaya, es un arma cargada de futuro. La diferencia entre la poesía y la historia, es que la historia explica lo qué fue el pasado y la poesía se ocupa en lo que podría ser. A Borges no le interesaba escribir (o reescribir) sobre el pasado, Borges mismo, en una edad muy avanzada continuaba afirmando que a él le interesaba vivir en el presente y en el futuro. La poesía entonces se ocupa sobre lo que podría ser. Para Borges, el tiempo es el gran enigma, es el problema, el tiempo pasa y seguimos siendo los mismos pero a su vez diferentes, porque cambiamos. Para Sócrates, el poeta era una criatura alada, leve y sagrada, que era poseída por el enthousiamos, era el oráculo, la voz de los dioses en la tierra. En la poesía todo es fantástico, el sentido de la vida es el sueño y se establece una relación íntima entre vida y sueño, la vida pasa a ser una forma de sueño o el sueño una forma de vida.

Borges creía que el escritor debía de intervenir lo menos posible en reescribir su obra, ya que para él era esencial que la musa se encargue de ello. La musa, llamado también como el espíritu o el subconsciente. El poeta debe de ser entonces un transcriptor del símbolo, escribir de aquello que siente y sueña.


El acto de escribir


Para Borges una de sus justificaciones para escribir poesía era que en el acto de escribir, él mismo se estaba redescubriendo. Cuando alguien escribe poesía, se está escribiendo, está completando esa fábula que está incompleta. La infancia es una etapa importante en la vida de las personas y siempre ha sido objeto de estudio para la poesía. El poeta cuando vuelve a visitar en sus recuerdos a la infancia o a su juventud, vuelve a modificar su recuerdo que poco a poco va diluyéndose. El recuerdo y el sueño en la poesía es aquello que es mutable, que forma parte de un imaginario personal y el poeta va tratando de acordarse de aquello que es liviano, pasajero y dulce.

La historia de la poesía, más que una historia de estéticas o de ideas, es una historia de individuos y personalidades diferentes que tienen en común que todas sus vidas y obras son en sí son obras de arte. Lo que une a los poetas es la poesía, lo poético, más allá de las similitudes o reglas que puedan existir por determinadas estéticas. Es cierto que hay similitudes temporales y por características en poetas que son de una misma época o parecidos, pero la poesía es en sí intemporal y es el tiempo el gran canon, quien elije las poesías y los libros más remarcables que se van leyendo años después de haber sido escritos. La belleza en la poesía es lo que hace que un poema sea recordado.


¿Para qué sirve la poesía?


No digáis que agotado su tesoro,
De asuntos falta, enmudeció la lira:
Podrá no haber poetas; pero siempre
             Habrá poesía.

- Gustavo Adolfo Bécquer, Rima IV, Rimas y leyendas


Quizá el sentido de la poesía es hacer vivo el lenguaje y que éste permanezca. Para Borges un gran verso que había permanecido durante mucho tiempo como gran ejemplo poético era: luna espejo del tiempo, origen de un poeta persa. La luna siempre ha sido objeto de tantos poemas y ha captado durante tanto tiempo el imaginario humano, la luna reflejada en el mundo es como un espejo y durante los siglos la luna es el gran medidor del tiempo. A su vez el espejo es algo frágil como el tiempo y la memoria. Para Borges este verso captaba la esencia de la poesía, como el hecho de escribir poesía en sí es la de crear arte y como este poema permanecía siglos después.

Para mí estos dos versos de Antonio Machado son también muy poéticos en sí: Yo vi en las hojas temblando / las frescas lluvias de abril. La primavera llega como la lluvia fresca de abril y hace temblar las hojas, las hojas que pueden ser tanto los árboles como las hojas que el poeta ve y escribe en ellas. Leer estos dos versos es imaginarse la primavera, la lluvia y la humedad fría del abril. La poesía suscita una imagen y es la poesía capaz de jugar con las palabras y el espacio intemporal del poema, ese momento en que Machado escribe sobre las lluvias y las hojas.

¿Qué es entonces la poesía? Es el acto de escribirse uno mismo, el de reescribirse y el de encontrarse con uno mismo. El de conversar y sentir que el tiempo no pasa. La poesía es el fantástico mundo donde todo cobra sentido, todo es posible. La literatura nos enseña a pensar y en vivir en el mundo de los sueños. La poesía es la bella ciudad espléndida que Rimbaud profetizó: No obstante, en la víspera. Recibamos todos los influjos de fortaleza y de ternura real. Y el alba, armados de una ardiente paciencia, entraremos en las ciudades espléndidas.


Bibliografía

BLOOM, Harold (2005): Poemas y poetas, el canon de la poesía, Madrid, Páginas de espuma, 2015.

BORGES, Jorge Luis: Poesía completa, Barcelona, Debolsillo, 2015.

PAZ, Octavio: El arco y la lira: el poema, la revelación poética, poesía e historia, México D. F., Fondo de cultura económica, 1972.

Puedes leer también el artículo en la Trivial: https://latrivial.wordpress.com/2016/01/10/la-poesia-y-jorge-luis-borges/

miércoles, 6 de enero de 2016

Nuevo canto de amor a Stalingrado

La plaza mayor de Stalingrado rodeada de escombros durante la batalla
Pablo Neruda

Yo escribí sobre el tiempo y sobre el agua,
describí el luto y su metal morado,
yo escribí sobre el cielo y la manzana,
ahora escribo sobre Stalingrado.

Ya la novia guardó con su pañuelo
el rayo de mi amor enamorado,
ahora mi corazón está en el suelo,
en el humo y la luz de Stalingrado.

Yo toqué con mis manos la camisa
del crepúsculo azul y derrotado:
ahora toco el alba de la vida
naciendo con el sol de Stalingrado.

Yo sé que el viejo joven transitorio
de pluma, como un cisne encuadernado,
desencuaderna su dolor notorio
por mi grito de amor a Stalingrado.

Yo pongo el alma mía donde quiero.
Y no me nutro de papel cansado
adobado de tinta y de tintero.
Nací para cantar a Stalingrado.

Mi voz estuvo con tus grandes muertos
contra tus propios muros machacados,
mi voz sonó como campana y viento
mirándote morir, Stalingrado.

Ahora americanos combatientes
blancos y oscuros como los granados,
matan en el desierto a la serpiente.
Ya no estás sola, Stalingtado.

Francia vuelve a las viejas barricadas
con pabellón de furia enarbolado
sobre las lágrimas recién secadas.
Ya no estás sola, Stalingrado.

Y los grandes leones de Inglaterra
volando sobre el mar huracanado
clavan las garras en la parda tierra.
Ya no estás sola, Stalingrado.

Hoy bajo tus montañas de escarmiento
no sólo están los tuyos enterrados:
temblando está la carne de los muertos
que tocaron tu frente, Stalingrado.

Tu acero azul de orgullo construido,
tu pelo de planetas coronados,
tu baluarte de panes divididos,
tu frontera sombría, Stalingrado.

Tu Patria de martillos y laureles,
la sangre sobre tu esplendor nevado,
la mirada de Stalin a la nieve
tejida con tu sangre, Stalingrado.

Las condecoraciones que tus muertos
han puesto sobre el pecho traspasado
de la tierra, y el estremecimiento
de la muerte y la vida, Stalingrado

La sal profunda que de nuevo traes
al corazón del hombre acongojado
con la rama de rojos capitanes
salidos de tu sangre, Stalingrado.

La esperanza que rompe en los jardines
como la flor del árbol esperado,
la página grabada de fusiles,
las letras de la luz, Stalingrado.

La torre que concibes en la altura,
los altares de piedra ensangrentados,
los defensores de tu edad  madura,
los hijos de tu piel, Stalingrado.

Las águilas ardientes de tus piedras,
los metales por tu alma amamantados,
los adioses de lágrimas inmensas
y las olas de amor, Stalingrado.

Los huesos de asesinos malheridos,
los invasores párpados cerrados,
y los conquistadores fugitivos
detrás de tu centella, Stalingrado.

Los que humillaron la curva del Arco
y las aguas del Sena han taladrado
con el consentimiento del esclavo,
se detuvieron en Stalingrado.

Los que Praga la Bella sobre lágrimas,
sobre lo enmudecido y traicionado,
pasaron pisoteando sus heridas,
murieron en Stalingrado.

Los que en la gruta griega han escupido,
la estalactita de cristal truncado
y su clásico azul enrarecido,
ahora dónde están, Stalingrado?

Los que España quemaron y rompieron
dejando el corazón encadenado
de esa madre de encinos y guerreros,
se pudren a tus pies, Stalingrado.

Los que en Holanda, tulipanes y agua
salpicaron de lodo ensangrentado
y esparcieron el látigo y la espada,
ahora duermen en Stalingrado.

Los que en la noche blanca de Noruega
con un aullido de chacal soltado
quemaron esa helada primavera,
enmudecieron en Stalingrado.

Honor a ti por lo que el aire trae,
lo que se ha de cantar y lo cantado,
honor para tus madres y tus hijos
y tus nietos, Stalingrado.
Honor al combatiente de la bruma,
honor al Comisario y al soldado,
honor al cielo detrás de tu luna,
honor al sol de Stalingrado.

Guárdame un trozo de violenta espuma,
guárdame un rifle, guárdame un arado,
y que lo pongan en mi sepultura
con una espiga roja de tu estado,
para que sepan, si hay alguna duda,
que he muerto amándote y que me has amado,
y si no he combatido en tu cintura
dejo en tu honor esta granada oscura,
este canto de amor a Stalingrado.

- Pablo Neruda, Nuevo canto de amor a Stalingrado, 1943.

lunes, 4 de enero de 2016

Insomnio


Dámaso Alonso

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?

- Dámaso Alonso, Los hijos de la ira, 1944

LXXXIII. El Heautontimoroumenos

¡yo soy el cuchillo y la herida!

A J. G. F.


Te golpearé sin cólera alguna
y sin odio, como un carnicero,
como Moisés golpeara la roca
y hasta haré brotar de tu ojo

para alimentar mi Sahara propio
a las vertientes del sufrimiento.
Mi deseo de esperanza henchido
habrá de flotar sobre tu llanto salino

como un barco que se larga hacia la mar
y como en mi corazón, al que colmaron,
habrán de retumbar tus queridos sollozos
como un tambor que bate parche al atacar.

¿No soy un arpegio disonante
que suena en la divina sinfonía
todo gracias a la voraz ironía
que me mantea y me muerde?

¡En mi voz está ella, la turba!
¡En mi sangre el veneno negro!
Yo soy el siniestro espejo
donde se contempla la furia.

¡Yo soy el puñal y la herida!
¡Soy el cachetazo y la mejilla!
¡Los miembros y el tormento,
el verdugo y el atormentado!

¡De mi corazón vampiro tenaz,
de esos grandes abandonados,
a la risa eterna ya condenados
y que no pueden sonreír jamás!

- Charles Baudelaire, Las flores del mal, 1857, traducción de Angel Faretta

domingo, 3 de enero de 2016

Paisaje con dos tumbas y un perro asirio

De izquierda a derecha, Salvador Dalí, Federico García Lorca
y Pepín Bello en la Residencia de Estudiantes de Madrid

Amigo,
levántate para que oigas aullar
al perro asirio.
Las tres ninfas del cáncer han estado bailando,
hijo mío.
Trajeron unas montañas de lacre rojo
y unas sábanas duras donde estaba el cáncer dormido.
El caballo tenía un ojo en el cuello
y la luna estaba en un cielo tan frío
que tuvo que desgarrarse su monte de Venus
y ahogar en sangre y ceniza los cementerios antiguos.

Amigo,
despierta, que los montes todavía no respiran
y las hierbas de mí corazón están en otro sitio.
No importa que estés lleno de agua de mar.
Yo amé mucho tiempo a un niño
que tenía una plumilla en la lengua
y vivimos cien años dentro de un cuchillo.
Despierta. Calla. Escucha. Incorpórate un poco.
El aullido
es una larga lengua morada que deja
hormigas de espanto y licor de lirios.
Ya vienen hacia la roca. ¡No alargues tus raíces!
Se acerca. Gime. No solloces en sueños, amigo.

¡Amigo!
Levántate para que oigas aullar
al perro asirio.

- Federico García Lorca, Poeta en Nueva York, 1929 - 1930