sábado, 11 de junio de 2016

La perdida Arcadia

Thomas Cole, La Arcadia, 1834

Llegaba nuestra barca entre las mareas
y las plácidas brisas del mar descendían,
el mar infinito, el brillante sol bañaba
la arena y las colinas lejanas
con suspiros de cal y olor de roca.
Nuestro barco zarpa hacia la ciudad luminosa
con la incertidumbre de un océano vacío
y de noches sin estrellas.

Las corrientes fuertes, las tormentas pueblan
nuestro tortuoso camino,
esperando a la silenciosa Arcadia
que duerme inmóvil en sus archipiélagos
y en las valles donde vive el sátiro
y el pastor tranquilo.
La Arcadia que permanece tan lejana
y tan cercana para quien la busca.

Nuestros pies llegaron en tierras extrañas,
oímos lenguas ignotas, vimos lo que nuestros ojos
nos dieron, hasta llegar al fin,
a la Arcadia que los hombres esperan
que por ella viven y mueren.

Esto es todo lo que queda; mira,
por aquí también pisaron este suelo
otros que escribieron
sobre el tiempo, el sol y la espuma
y ahora el viento cruza las piedras vivas
por donde la salvaje hierba cubre
los olvidados nichos.

¿Dónde habrá ido tu voz sonora y fuerte?
Cuando el olvido llegó y pobló tu soledad
más humana y liviana,
¿estos arcos caídos y nichos
quedaron contigo, Arcadia?

Allá donde canta en la rama el jilguero
y en el eco de la cueva resuena,
en las altas columnas que sostienen el cielo infinito
y en ásperas montañas desiertas y nevadas,
te vieron morir, Arcadia.

En las playas donde las olas golpean
las islas esmeraldas de blancos palacios,
en las plazas sosegadas que esperan al árabe consternado,
en las murallas que pelea el griego y el turco ensangrentado,
te vieron morir Arcadia.

Por qué camino andará tu cometido,
en las peñas donde aquellos que ignoran
esperando el gran sol resplandeciente
ponerse en la frente la última hora acaecida.
Y allí quedarás siempre inmóvil y perdida,
la bella, la triste Arcadia.

- Pau Baraldés

jueves, 12 de mayo de 2016

El pied-noir que amaba a su madre


"Cada vez que un hombre es encadenado, nosotros estamos encadenados a él"

"La mejor manera de evitar que un prisionero escape, es asegurarse de que nunca sepa que está en prisión"  - Dostoievski

Los curiosos acontecimientos que constituyen el tema de esta crónica se produjeron en el año 194... en Orán. Para la generalidad resultaron enteramente fuera de lugar y un poco aparte de lo cotidiano. A primera vista Orán es, en efecto, una ciudad como cualquiera otra, una prefectura francesa en la costa argelina y nada más. Así empezaba la novela la Peste de Albert Camus, escritor francés nacido en la Argelia colonial, uno de los máximos exponentes de la intelectualidad francesa del siglo XX, un referente en el existencialismo, premio Nobel de literatura el año 1957, periodista crítico con el sistema político del gaullismo y el comunismo, rival intelectual de Sartre y acérrimo defensor del individuo y las ideas libertarias.

El año 2013 fue el centenario del nacimiento de Camus, un centenario que ha pasado con más pena que gloria, casi de puntillas. Albert Camus es el escritor francés que más vende en el extranjero, reconocido como uno de los máximos exponentes del siglo XX. Puede parecer que desde fuera, Camus sea una figura de gran importancia valorada por gran parte de la crítica literaria y exponente de las ideas del absurdismo, pero un siglo después de su nacimiento, Camus resulta ser una figura incómoda para Francia y Argelia. Aún siendo de los escritores más leídos de lengua francesa, Camus no ha sido traducido al árabe y la Biblioteca Nacional francesa minusvaloró la idea de reeditar su obra. Ese mismo año, se celebraron pocos actos o homenajes culturales al escritor, quien en su país natal, Argelia, no hay ninguna sola calle ni plaza que lleve su nombre y el edificio donde nació en Dréan (conocido en tiempos de la colonización como Mondovi, al este de Argelia) no hay ninguna placa. ¿Cómo puede ser que esta figura, controvertida ciertamente pero estimada por muchos sectores, hoy prácticamente quede apartada de la escena cultural francesa y argelina? Lo que sí que es cierto, es que Camus fue un hombre rebelde para su tiempo y quizá para el nuestro también. Un escritor con sus contradicciones, con sus inciertos y sus errores y quizá sus errores pesen hoy sobre los países donde vivió.

Camus fue un intelectual en todos los sentidos, periodista que apoyó siempre la causa republicana en tiempos de la guerra civil española y denuncio las atrocidades en los campos de concentración alemanes, franceses y de la Europa del este. Nunca perdonó a Sartre ni a los sectores de la izquierda francesa su vinculación con el comunismo soviético como tampoco perdonó a las democracias occidentales de no auxiliar a la II República española. Fue condecorado por el gobierno republicano en el exilio con la máxima distinción y fue una de las voces más críticas con el gaullismo. Camus era una persona de ideas anarquistas y quizá fue su intransigencia respecto al autoritarismo lo que le pasó factura. Un su libro, el hombre rebelde, defiende la visión del hombre libre sujeto a ninguna idea, recogiendo el existencialismo ateo, defiende al individuo sin las ataduras morales políticas y religiosas. Camus fue contrario a las ideas marxistas, cristianas y fascistas en una época donde en Francia, el marxismo formaba parte de la intelectualidad francesa como Jean-Paul Satre y André Bretón. Albert Camus era un hombre de letras que fue a contracorriente y tuvo que pagarlo con el olvido del 2013. Cuando a Camus, en plena guerra de independencia de Argelia le preguntaron sobre su posición en el conflicto, él respondió tajante: "si tengo que elegir entre mi madre o la justicia, elijo a mi madre". Es decir, prefirió elegir a Francia antes que a Argelia y es por eso que los argelinos y las universidades argelinas actualmente no recuerden a Camus como tampoco los franceses. La izquierda francesa por ser contrario al comunismo y la derecha por criticar el papel de Francia en Indochina y con la República española. Precisamente fue su rebeldia, su falta de pelos en la lengua y de no querer vincularse con Argelia ni con Francia, lo que pesa sobre su memoria.

La tristeza que rodea su muerte y su vida es lo que hacen de su vida y obra literatura. Camus vivió tal como vivieron los protagonistas de sus novelas, individuos taciturnos, hastiados de una vida y una manera de vivir absurda cómo lo era para él el mundo, la política y las personas. Camus fue un escritor trascendental más allá de la vanguardia intelectual de su tiempo llevando el existencialismo a extremos rozando con el nihilismo. Para muchos, Camus era la voz de los oprimidos, la voz de la República española en el exilio y para otros, Camus fue un traidor y un pied-noir. La vida de Camus es una de aquellas personas que le tocó decidir en un momento difícil y esto lo pagaría más tarde. Solo los críticos y el tiempo pueden juzgar su obra, su obra triste como él mismo, llena de contradicciones pero con un hilo de esperanza que surge de ella. Sarkozy pidió a la familia de Camus que su cuerpo sepultado en Lourmarin (sur de Francia) descansará en el Panteón de París juntamente con otros escritores de la talla como Rousseau, Victor Hugo, Émile Zola, Alexandre Dumas y André Malraux, pero su familia rechazó la idea.

La vida de Camus no fue heroica ni tampoco pretendió serlo. Condenado por su visión pesimista de entender y ver el mundo, apasionado y de una prosa fuerte y profunda como la tristeza que pesaba sobre ella misma. Las ideas existencialistas que habían tomado forma en el transcurso del siglo XIX, tuvieron su defensor en la figura de Camus, quien consiguió cristalizar todo dolor y la angustia del siglo XX en su literatura. Camus consiguió vivir tal cómo él quiso y eso es un gesto admirable. Fue un incomformista, un luchador de aquello que él creía justo y que no dudó en usar las letras como arma de combate. El heroe anti-romántico de la Francia de su siglo, opuesto al marxismo, crítico con el papel político de Malraux en el gobierno. Un velo de pesimismo rodea su muerte pero también un velo de esperanza recoge su obra, presente hoy misma por muchos, la prosa de Camus como un rayo rompiendo los moldes de lo tradicional y lo establecido.


"Cada vez que un hombre es encadenado, nosotros estamos encadenados a él. La libertad debe de ser para todos o para nadie". - Albert Camus

viernes, 1 de abril de 2016

Mayo


Ilya S. Glazunov, El lago de lágrimas, 1988

Viene el abril como una tarde de primavera,
fría y escondida, sosegada
como la luz de las farolas,
tranquila como las lágrimas de la virgen.

Mayo, pasas cautivo por el mundo
con más pena que gloria
y los hombres ignoran aún
tu voz fresca y dormida
de los charcos en los bosques
y de los bancos en los parques.

A veces paseo en la noche
por oscuras calles buscando algún sentido,
mirando escaparates ajenos
de lustrosos zapatos y luz eléctrica.
Preguntándome el sentido que guarda
la lluvia manchando los cristales,
las fotografías que me asaltan
justo cuando concibo el sueño.

Soy aquel que también pasará por el mundo
una vez la función acabe
y mi tiempo quedará como un mes
pasado y arrugado.
Si solo escribo porque estoy triste
que más me espera, si solo tengo
las horas y los días que me quedan.

- Pau Baraldés

sábado, 13 de febrero de 2016

Pigmalión

Leon Gérôme, Pigmalión et Galatea

Cincelé palabras en los surcos de los versos,
y te imaginé, como me imagino que son mis sueños,
como las auroras que duermen en mis bosques,
como la noche fría, como una musa inquieta.

Y decidí entonces correr la suerte de recuperar
algunos pedazos míos, en remendar y unir rotos,
en escribir y escribirte, sentir que sigo siendo tuyo,
saber que no estoy solo aunque escriba para mí mismo.

Oh palabras, brillantes espejos del alma humana,
me enamoré del encanto secreto que guarda el lenguaje
y a cada golpe, a cada trazada, mi mano se abría como un arco
que tensa el verbo y el acero que golpea la viva roca.

Entonces construí sobre las piedras de cada estrofa
la triste esfinge, el espectro que recorre mi mente en solitario.
Y vi la pesada sombra, inmensa y alta sobre mí
como una quimera dormida,
como un deseo que despierta.

- Pau Baraldés

domingo, 7 de febrero de 2016

Mis libros


Mis libros (que no saben que yo existo)
son tan parte de mí como este rostro
de sienes grises y de grises ojos
que vanamente busco en los cristales
y que recorro con la mano cóncava.
No sin alguna lógica amargura
pienso que las palabras esenciales
que me expresan están en esas hojas
que no saben quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos
me dirán para siempre.

- Jorge Luis Borges, La rosa profunda, 1975

miércoles, 20 de enero de 2016

Interludio


Llegó el invierno tal cómo se fue,
callado y sosegado
como los escaparates de las calles.
El viento remueve algunos papeles
usados, arrugados.

Llegó el invierno
y no consigo verte en esta mañana.
En esta mañana vienen a visitarme los recuerdos,
estoy sentado solo en un parque
y los pajarillos parecen cantar.

No suelo escribir sobre el presente
e intento concertarme leyendo un libro
pensando que no existes,
actuando con normalidad
y creyendo que no importa.

Si alguna vez consigues verme en tus recuerdos,
abrázame;
cuando son las horas oscuras
la luna entra a través de los barrotes de las ventanas,
yo también me he preguntado cuáles serán
las palabras que entran más adentro.

- Pau Baraldés

Puedes leer también el poema en la Trivial: https://latrivial.wordpress.com/2016/01/20/en-tus-recuerdos-abrazame/

martes, 19 de enero de 2016

Ven a sentarte conmigo, Lidia, a la orilla del río

Fernando Pessoa

Ven a sentarte conmigo, Lidia, a la orilla del río.
Con sosiego miremos su curso y aprendamos
que la vida pasa, y no estamos cogidos de la mano.
        (Enlacemos las manos.)

Pensemos después, niños adultos, que la vida
pasa y no se queda, nada deja y nunca regresa,
va hacia un mar muy lejano, hacia el pie del Hado,
        más lejos que los dioses.

Desenlacemos las manos, que no vale la pena cansarnos.
Ya gocemos, ya no gocemos, pasamos como el río.
Más vale que sepamos pasar silenciosamente
        y sin grandes desasosiegos.

Sin amores, ni odios, ni pasiones que levanten la voz,
ni envidias que hagan a los ojos moverse demasiado,
ni cuidados, porque si los tuviese el río también correría,
        y siempre acabaría en el mar.

Amémonos tranquilamente, pensando que podríamos,
si quisiéramos, cambiar besos y abrazos y caricias,
mas que más vale estar sentados el uno junto al otro
        oyendo correr al río y viéndolo.

Cojamos flores, cógelas tú y déjalas
en tu regazo, y que su perfume suavice el momento-
este momento en que sosegadamente no creemos en nada,
        paganos inocentes de la decadencia.

Por lo menos, si yo fuera sombra antes, te acordarás de mí
sin que mi recuerdo te queme o te hiera o te mueva,
porque nunca enlazamos las manos, ni nos besamos
        ni fuimos más que niños.

Y si antes que yo llevases el óbolo al barquero sombrío,
nada habré de sufrir cuando de ti me acuerde,
a mi memoria has de ser suave recordándote así- a la orilla del río,
        pagana triste y con flores en el regazo.

- Fernando Pessoa